Su lista incluye víctimas muy cercanas: cuatro de sus cinco esposos, su madre, su hermana, su nieto y su suegra. Realizaba una infusión de arsénico que fue la causa de muerte de varias personas en cuatro estados. Fue conocida como “La abuelita sonriente” puesto que durante los interrogatorios siempre reía alegremente. Cuando le preguntaron por qué mataba a sus esposos ella respondió “Estaba en busca del hombre perfecto, el verdadero romance de mi vida”.
Elizabeth Báthory
Quizá sea una de las mujeres fatales más conocidas en la historia europea. Entre 1585 a 1610, se cree que Báthory torturó y mató cerca de 650 chicas, la mayoría de ellas adolescentes. Como pertenecía a la nobleza húngara, se piensa que usaba sus influencias familiares para evitar la ejecución después de haber sido detenida. La condesa estuvo forzada a permanecer en su castillo por el resto de su vida con una pared de ladrillos construida frente a su puerta.
Amelia Dyer
A pesar de que Amelia Dyer fue juzgada y condenada a la horca por sólo un asesinato, el Estado asegura que hubieron muchas más víctimas de esta mujer en la Inglaterra victoriana. Tuvo entrenamiento como enfermera y se dedicó a cuidar niños toda su vida. Recibía a los niños en su hogar y le pagaban por cuidarlos. Sin embargo, Dyer nunca los cuidaba, en lugar de eso dejaba que los niños murieran debido a su negligencia y se embolsaba el dinero.
Jane Toppan
En 1931, Jane Toppan confesó 31 asesinatos y se le encontró inocente por inestabilidad mental. Una enfermera sádica que manipuló los reportes del hospital. Experimentaba con morfina y atropina en sus pacientes. Después de administrar dosis letales de drogas, se sentaba y esperaba a que sus pacientes murieran. Según Toppan, su objetivo era “matar a la mayor cantidad de personas, más que cualquier otro hombre o mujer que haya vivido”.
Miyuki Ishikawa
Al final de la Segunda Guerra Mundial, una esposa japonesa causó gran revuelo por múltiples infanticidios. Ishikawa mató aproximadamente 103 niños. Según su manera de verlo, los niños nacidos en familias pobres no tenían ninguna oportunidad de sobrevivir en este mundo. Ella simplemente los apartó de un futuro de miseria. Aunque sólo recibió cuatro años en la cárcel por sus crímenes, sus asesinatos permanecen como los más sangrientos en la historia de Japón.
Dorothea Puente
Se le conocía como “La dueña de la casa de la muerte”, puesto que la mayoría de sus horribles crímenes los cometió en su casa de huéspedes de Sacramento, California. Por seis años, Dorothea envenenó a muchos ancianos y enfermos mentales que se hospedaban con ella para cobrar sus cheques de Seguridad Social.
Aileen Wuornos
Entre 1989 y 1990, Aileen asesinó a siete hombres. Sus habilidades para terminar con la vida de todos esos hombres fue llevada a la pantalla grande con la película Monster. Mantenía sus ingresos gracias a la prostitución. Según Wournos cometió esos asesinatos en defensa propia, puesto que estos hombres intentaron violarla. Sin embargo, la corte concretó que los cuerpos acribillados decían una historia distinta. Por este motivo fue ejecutada en el estado de Florida con una inyección letal en 2002.
Juana Barraza
Se hizo famosa como “La mataviejitas” por la muerte de once ancianas y probablemente más. Era una luchadora profesional que de pequeña tuvo muchos problemas. Su madre alcohólica dejó que un hombre la violara a cambio de cerveza. El resentimiento de Barraza al ver el reflejo de su madre en las ancianas, resultó en los voraces asesinatos de las mujeres mayores y solitarias, a quienes, de paso, despojaba de sus pertenencias. Hoy, Barraza cumple una sentencia de 759 años en una prisión mexicana.
Leonarda Cianciulli
Era la típica esposa italiana; horneaba pasteles y hacía jabón casero. Sin embargo, su sopa incluía un ingrediente secreto: carne humana. Cuando oyó que su amado Giuseppe se enrolaría en la armada italiana, ella pensó que el único modo de protegerlo en batalla era con un sacrificio humano. Así que, entre 1939 y 1940, Cianciulli asesinó tres mujeres de Correggio, Italia. Ofrecía a sus víctimas un vaso de vino que tenía algún somnífero, después las mataba con un hacha. Por último, las descuartizaba para incluirlas en sus bollos con pasas, además, ella y su esposa usaban para hacer jabones con los que después se bañarían.
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